sábado 25 de abril de 2009

Los noctámbulos están alertas más tiempo que los madrugadores

En un mundo donde los hábitos de sueño son un parámetro para evaluar el carácter de una persona -"al que madruga, Dios lo ayuda"-, quienes luchan cada mañana con el despertador deben cargar a menudo con el estigma de flojos.

Pero ahora los resultados de un estudio europeo les dan una oportunidad de reivindicación: los noctámbulos suelen pasar alerta más tiempo que los madrugadores.

Desde el punto de vista del ciclo sueño-vigilia, los médicos llaman "alondras" a quienes tienden a funcionar mejor al comienzo del día, y "búhos" a los que, por el contrario, duermen hasta tarde y comisonambulo enzan su "día" a medida que oscurece.

Tomás Leighton, actor de 35 años, es uno de ellos. "Funciono mucho mejor después del mediodía. En la universidad me atrasé un año completo porque tenía un ramo a las 08:30 y llegué tantas veces atrasado que no alcancé a tener la asistencia mínima necesaria".

Su contraparte es la periodista Victoria Uranga. "Habitualmente me levanto a las 4 de la mañana para estudiar y trabajar, porque son horas en que estoy con todos mis sentidos atentos y sin distracciones", explica.

Día y noche

Se estima que el 10% de las personas son alondras extremas y un porcentaje similar son búhos extremos. El 80% restante se encuentra en un término medio.

"Durante mucho tiempo se pensó que esta diferenciación era más bien de orden psicológico", explica el neurólogo Ludwig Plate, del laboratorio de Sueño y Electroencefalografía de la Clínica Dávila.

Hoy se sabe que uno de los factores más importantes que determina a qué grupo se pertenece son los genes. Pero el estudio que hoy publica la revista Science, entrega nuevos antecedentes sobre el tema, al identificar de forma objetiva las diferentes estructuras cerebrales que interactúan en cada caso.

Así, además de precisar a través de resonancias magnéticas cuáles centros neuronales se activan en búhos y alondras, los investigadores de la Universidad de Liège, en Bélgica, descubrieron que el cerebro de los primeros permanece más tiempo alerta que el de los segundos.

Para ello, evaluaron a grupos de personas búhos y alondras y sus hábitos de sueño. A todos se los sometió a un test para evaluar su nivel de atención una hora y media después de despertar, y a las 10 horas siguientes. Si bien no encontraron mayor diferencia en los resultados de la primera evaluación, a las diez horas las "alondras" mostraban una actividad reducida en áreas del cerebro ligadas a la atención. Además, tenían más sueño y se desenvolvían de manera más lenta.

"Los madrugadores pueden tener la ventaja de que sus horarios se adaptan mejor a los horarios en que funciona la sociedad", dice el doctor Phillipe Peigneux, uno de los autores. "Pero los noctámbulos tienen más resistencia y están alerta por más tiempo a lo largo de su período de vigilia".

De hecho, estudios previos muestran que no existen pruebas concluyentes de que los búhos que se levantan tarde sean menos exitosos que los madrugadores en el ámbito laboral.

Peigneux y sus colegas tienen planeado estudiar cómo estas diferencias afectan también otras funciones cognitivas, como el aprendizaje y la memoria.

 

Fuente: CRISTIÁN GONZÁLEZ y LORENA GUZMÁN - Emol