domingo 19 de abril de 2009

Hoy se cumplen 54 años de la muerte de Albert Einstein

El científico fue distinguido con el Nobel por sus trabajos sobre el movimiento browniano y su interpretación del efecto fotoeléctrico, el valor de la politica.

Hoy se cumplen 54 años de la desaparición del científico más importante del siglo XX: Albert Einstein, premio Nobel de física en 1921 y creador de la teoría de la relatividad.

Einstein nació el 14 de marzo de 1879 en la ciudad bávara de Ulm. Fue el hijo primogénito de los judíos Hermann Einstein y de Pauline Koch. En Munich, su padre se dedicaba al comercio de novedades electrotécnicas de la época. Albert fue un niño quieto y ensimismado, que tuvo un desarrollo intelectual lento. El propio Einstein atribuyó a esa lentitud el hecho de haber sido la única persona que elaborase una teoría como la de la relatividad. "Un adulto no se inquieta por los problemas que plantean el espacio y el tiempo, pues considera que todo lo que hay que saber al respecto lo conoce ya desde su primera infancia. Yo, por el contrario, he tenido un desarrollo tan lento que no he empezado a plantearme preguntas sobre el espacio y el tiempo hasta que he sido mayor", dijo alguna vez.

En 1905 publicó varias investigaciones. Una de ellas le valió el grado de doctor por la Universidad de Zurich, y los cuatro restantes acabaron por imponer un cambio radical en la imagen que la ciencia ofrece del universo. De éstos, el primero proporcionaba una explicación teórica, en términos estadísticos, del movimiento browniano, y el segundo daba una interpretación del efecto fotoeléctrico basada en la hipótesis de que la luz esté integrada por cuantos individuales, más tarde denominados fotones; los dos trabajos restantes sentaban las bases de la teoría de la relatividad, basada en el postulado de que la gravedad no es una fuerza, sino un campo creado por la presencia de una masa en el espacio-tiempo y que establece la equivalencia entre la energía (E) de cierta cantidad de materia y su masa (m), en términos de la famosa ecuación E = mc, donde c es la velocidad de la luz, que se supone constante.

En 1909 Einstein fue reconocido por la Europa de habla alemana como el principal pensador científico. Ese mismo año fue nombrado profesor de la universidad y después del Politécnico de Zurich, cargo que ejerció hasta 1914. Luego volvió a Alemania. Durante la Primera Guerra Mundial, Einstein fue uno de los académicos alemanes que se atrevieron a criticar la participación de su país en el conflicto bélico. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, Einstein decidió abandonar Alemania y viajó a Estados Unidos. En 1940 adoptó la ciudadanía estadunidense. Desde 1945, fecha de la destrucción atómica de Hiroshima y Negaseis, hasta su muerte, empeñó todo su prestigio en la causa del empleo pacífico de la energía atómica.

El esfuerzo de Einstein lo situó inmediatamente entre los más eminentes de los físicos europeos, pero el reconocimiento público del verdadero alcance de sus teorías tardó en llegar; el Premio Nobel de Física, que se le concedió en 1921, fue exclusivamente "por sus trabajos sobre el movimiento browniano y su interpretación del efecto fotoeléctrico". El estallido de la Primera Guerra Mundial lo forzó a separarse de su familia, por entonces de vacaciones en Suiza, y que ya no volvió a reunirse con él.

La revista The Times lo presentó como el nuevo Newton y su fama internacional creció, forzándole a multiplicar sus conferencias de divulgación por todo el mundo y popularizando su imagen de viajero de la tercera clase de ferrocarril, con un estuche de violín bajo el brazo.

Einstein, quien pasó los últimos 25 años de su vida en el Instituto de Estudios Superiores de Princeton, en Nueva Jersey, ciudad en la que murió, dijo que la política poseía un valor pasajero, mientras una ecuación valía para toda la eternidad.

Durante ese tiempo también se dedicó a la vana búsqueda de una teoría unificada de las únicas dos fuerzas bien comprendidas por aquel entonces.

De su autobiografia:

Aquí estoy, dispuesto a escribir, a la edad de sesenta y siete años, algo así como mi propia necrología. [...]

Siendo todavía un joven bastante precoz me percaté vivamente de la futilidad de las esperanzas y anhelos que persiguen sin tregua a la mayoría de los hombres a través de la vida. Pronto descubrí, además, la crueldad de esa persecución, que en aquellos años estaba encubierta mucho más cuidadosamente que hoy por la hipocresía y las palabras deslumbrantes. La mera existencia del estómago condenaba a cada cual a participar en esa persecución. Además, tal participación hacia posible satisfacer al estómago, mas no al hombre, en tanto que ser pensante y sintiente. Como primera salida estaba la religión, implantada en todos los niños por medio de la maquina tradicional de la educación. Así fue como llegue -Pese al hecho de que era hijo de unos padres (judíos) completamente irreligiosos- a una onda religiosidad, que sin embargo, alcanzo un abrupto fin a la edad de doce años. A través de la lectura de libros de divulgación científica alcance pronto la convicción de que mucho de lo que decían los relatos de la Biblia no podía ser cierta. La consecuencia fue una mentalidad librepensadora rayana en lo fanático, unida a la impresión de que el Estado miente intencionadamente a la juventud; fue una impresión demoledora. De esta vivencia nació un sentimiento de recelo contra cualquier clase de autoridad, una actitud escéptica frente a las convicciones que prevalecían en cualquier medio social especifico, una actitud que ya jamás volvería a abandonarme, aunque mas tarde, perdió algo de su primitiva virulencia.

Se muy bien que el paraíso perdido de la juventud, perdido de esta forma, fue un primer intento de liberarme de las cadenas de lo meramente personal, de una existencia dominada por deseos, esperanzas y sentimientos primitivos. Ahí afuera estaba ese inmenso mundo que existe independientemente de los hombres y que se alza ante nosotros como un eterno y gran enigma, al menos parcialmente accesible a la inspección y al pensamiento humano. La contemplación de este mundo actuaba como una liberación, y pronto observe que mas de un hombre a quien yo había llegado a estimar y admirar había encontrado la libertad y seguridad internas a través de una devota dedicación a el. La aprehensión mental de este mundo extrapersonal dentro del marco de las posibilidades existentes flotaba, medio consciente, medio inconscientemente, como la más alta meta ante los ojos de mi mente. Hombres -del presente y del pasado- con motivaciones similares, junto con las ideas y concepciones por ellos logradas, eran amigos que no podían perderse. El camino a este paraíso no era tan cómodo ni tan seductivo como el camino al paraíso religioso, pero ha demostrado ser digno de confianza y nunca me he arrepentido de haberlo escogido.

Fuente: Atina Chile